Franqueadas las puertas, es inevitable recordar al bueno de Jacques Tati y preguntarse cómo Roy Andersson aún no se inspiró para una de sus películas. En este supermercado del arte a todo vapor, una veterana parecida a Barbra se escabulle rauda entre las góndolas. Es Barbra. En su decimoquinta edición, la feria es nuevamente la burbuja perenne, un microcosmos que marca el pulso del primer mundo. Acelerado, caótico, vertiginoso, exitista, banal, aterrante, definitivamente apocalíptico. Según sus directivos ha duplicado el tamaño original y es la responsable de la puesta en el mapa de aquella ciudad aletargada que fue Miami. Si ellos lo dicen, habrá que creerles. Lo cierto es que recorrerla en toda su extensión (269 galerias) supone un reto. Al final los ojos duelen, los pies (supongo) también. La única opción viable es la utopía de huir del mundanal ruido dentro de Art Basel. Es posible. Se puede y se debe. Dejar sorprenderse, buscar los esenciales, los muchos tesoros que se esconden entre coloridas superficialidades y modas que aburren al minuto.

En Galerie Thomas de Munich, una paloma de Magritte junto a un móvil de Calder servirán de brújula. Quizás haya menos arte latinoamericano que de costumbre aunque se registre fuerte presencia brasileña, ineludibles Mira Schendel, Wanda Pimentel y Lygia Pape. Extraña la ausencia de un clásico, la Galería Sur montevideana pero, Mary-Anne Martin muestra un atípico Gerszo de 1953 tan excepcional como el Leonora Carrington que preside el stand. Este año la sección Survey de la feria alberga lo mejorcito. La posibilidad de gozar de un pequeño museo la brinda Maggiore de Bologna con una veintena de inesperados, soberbios Morandis. Oasis absoluto. Al lado, en Robilant + Voena, Mimmo Rotella hace de las suyas. Enfrente, en Garth Greenan deslumbran tres inmensos paisajes tempranos de la afroamericana Howardena Pindell mientras que en Vigo (Londres) estremece la obra realizada en prisión del pionero sudanés Ibrahim El-Salahi.

En Annely Juda londinense, hipnotizan las nueve perfectas pantallas del Invierno por el todavía sorprendente David Hockney, esto sí que es video arte. En Karsten Greve, maravillan Claire Morgan con sus cubos taxidérmicos y Georgia Russell con sus nubes caladas. Igualmente, un espectacular Idris Khan reverbera en la memoria (Thomas Schulte Berlin), imposible olvidar la exquisitez del parisino Dove Allouche (Peter Freeman NY) y un Tapiés á la Klee de 1949 en Di Donna: Londres hindú.

A cargo de Gmurzynska de Zurich un buen coup-de-theatre adelantándose al centenario de la revolución rusa con un banquete avant-garde armado por Claude Picasso. Aún mas impactante, por su cercanía, es un monumental Robert Longo inspirado en Octubre de Eisenstein ( Galería Hans Mayer Düsseldorf). Su proximidad casi profética, lapidaria, quita el aliento. Es el testimonio agorero que engloba el sentir de esta ArtBasel de fuerte impronta, alto nivel y que en resumidas cuentas, vale la pena.

Afuera de Basel no está el caos sutilmente ordenado del miamense Hernan Bas en la galería Fred Schnitzer (una de las pocas locales con el privilegio de estar adentro), mas allá de la imperdible retrospectiva de Julio LeParc: Form into Action en el Pérez Art Miami Museum, la  de Donald Sultan en el Lowe Museum (sin olvidar a Thomas Bayrle en el ICA y SunXun con su mega instalación Reconstrucción del universo), los ojos duelen aún más que antes dentro del panorama de ferias satélites que mostró un comentado descenso en calidad general. Con varias honrosas excepciones (una magnífica pared Tomasello como ejemplo), Art Miami se notó más abigarrada y desprolija, con ausencia de algunas importantes galerías que solían frecuentarla. Se espera que la movida del año próximo al predio que fuera del Miami Herald frente a la bahía motive a subir la puntería de una feria que logró competir con su hermana mayor de Miami Beach. La misma sensación, pero aumentada, se advirtió en Art Context y las ferias en la playa como Scope y Untitled, vale destacar ésta última superó a las mencionadas. Mención especial para PINTA en el espacio Mana con un buen panorama de arte latinoamericano y la vasta colección modernista de Tanya Capriles Brillenbourg curada por Adriana Herrera que además incluyó concierto de apertura más un notable video de Bill Viola.

Dejando a un lado turistas curiosos, ávidos coleccionistas, grandes nombres, poderosas galerías, importantes colecciones locales, ferias flotantes, fiestas andantes y actividad enloquecida – a la que no estuvo ajeno la apertura del flamante Faena Forum – y suponiendo que el arte entra por ósmosis o mero acostumbramiento, para el local que después de quince años aún no se haya saturado significa la invitación a un carnaval anual de ribetes artísticos que se desborda en la playa y el distrito Wynwood, cada vez mas comercial, concurrido y decadente. Los nuevos horizontes se perfilan en los distritos Little Haiti y Allapattah, donde irá a parar la colección Rubbell en un museo a construir. Allá marchan los artistas y galerías asfixiados por precios que no pueden costear en los predios donde fueron pioneros.

Y si el tirano retratado por Longo sacude los cimientos; la irreverente instalación de la joven cubana Aurora Molina (gracias a la impredecible Bernice Steinbaum que montó un literal zoológico en su espacio de ArtMiami), es clara señal de estos tiempos: cinco líderes como espantapájaros con la cara del ave insigne del país correspondiente en actitudes fácilmente identificables mientras un sexto espantapájaros, el Papa Francisco como paloma de la paz, los absuelve. Todo dicho. Amén.

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